Club Carpenter
- 23 may
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Todos los veranos tengo que venir con unos amigos a la playa y fingir que me gusta tomar sol, jugar voley y emborracharme. Es tedioso. Siempre hay que agarrarse a trompadas con alguno, bancarse las resacas... La verdad, daría todo por estar con mis otros amigos, los del Club.
El Club Carpenter, así lo llamamos. Nos conocimos hace un par de años en un foro online sobre cine, pero enseguida empezamos a juntarnos en persona. Desde entonces, vemos pelis de terror, las analizamos y les ponemos un puntaje. Desarrollamos un sistema de calificación del uno al diez: no del uno al cinco, como la mayoría. Nosotros nos lo tomamos muy en serio. Y no calificamos con estrellas, sino con puntos club. Tal peli tiene siete puntos club, tal otra, tres puntos club. Por mencionar algún ejemplo, Jeepers Creepers 3 fue nuestra calificación más baja: un punto club. Lo máximo que dimos son nueve puntos club, a varias pelis. Más allá de los clásicos, y por dar un caso reciente, Cuando acecha la maldad fue la última que se llevó nueve. En las votaciones llegó a 8,55, y entonces se reanudó nuestra eterna discusión sobre si debemos o no calificar con decimales en lugar de redondear. Nunca terminamos de ponernos de acuerdo: algunos decimos que es pecar de soberbios; otros, que la precisión nunca puede estar de más.
En fin. Esta noche estoy en la playa, alrededor de un fogón, tomando Fernet y riéndome con estos pavos, mientras los chicos del Club están en el cine viendo el último estreno: Oscuridad mortal. Insistieron en que podían esperarme a que regresara de la costa, pero les dije que no, que fueran nomás. Tampoco es una película que hubiésemos estado esperando. Estoy seguro de que no van a darle más de cuatro o cinco puntos club. Con solo mirar el tráiler uno ya sabe, más o menos, con qué se va a encontrar.
Mi teléfono vibra y se ilumina sobre la heladerita llena de cervezas. Por la hora —más de la una de la mañana—, me doy cuenta de que son los chicos del Club. Ya vieron la peli, ya votaron y me envían el resultado.
Abro el mensaje y leo lo imposible:
Oscuridad mortal: 10 puntos club.
No puede ser un chiste; siempre estuvimos de acuerdo en que no se bromea con los puntos club.
Con la mano temblorosa, dejo caer el teléfono en la arena. Me levanto y camino.
El sonido del mar. La negrura impenetrable del océano.
A mis espaldas, las risotadas de mis amigos se oyen cada vez más lejanas.
Sigo caminando. Puedo oír mis pasos en la arena, la espuma de las olas deshaciéndose. Llego hasta los acantilados. Me pregunto por qué carajo no me quedé en Buenos Aires. Ahora mismo los chicos del Club deben estar en alguna pizzería de Avenida Rivadavia, con las planillas de votación sobre la mesa. Dado el resultado, es seguro que hubo muchísimo revuelo. Que hubo gritos y discusiones acaloradas... Somos un club que se toma las cosas muy en serio.
Nadie nunca va a poder decir que no nos tomamos las cosas en serio.
Como aquella vez cuando hablamos sobre qué hacer si un miembro del Club se ausenta mucho. Las primeras opciones eran contar la cantidad de faltas: “Si alguien falta a más de dos pelis por mes, durante tres meses, se lo expulsa del Club”. Cosas así. Pero sonaba muy burocrático; no nos sentíamos cómodos con esos métodos.
Entonces yo dije:
—Somos un club amante del terror. Tengo una idea más sencilla y más acorde a nuestro estilo.
Una brisa cálida me despeina; escucho las olas acercarse en la oscuridad. Recuerdo mis palabras, las que todos aceptaron y quedaron escritas en nuestro libro de reglas, un cuaderno negro de tapa dura y hojas amarillentas que obedecemos con religiosidad:
Si un miembro del Club no asiste a la proyección de un film que resulta calificado con diez puntos club, debe morir.



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